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Hace unos días pregunté a mi hija (de 11 años) «¿tú recuerdas cómo aprendiste a leer?» y ella me contestó: «Sólo recuerdo que al principio miraba los libros y no entendía mucho, poco a poco fui entendiendo un poco más, hasta que un día lo entendí todo».  Así que proseguí:
– ¿y qué significa para ti la lectura?
– ¿Como así mami?, no entiendo.
– Tú lees todo el día prácticamente, ¿por qué lo haces? ¿qué pasa cuando estás leyendo?
 – Cuando leo libros tipo Harry Potter me siento que visito Hogwarts, disfruto de las aventuras de cada uno de los personajes, puedo imaginarme los diferentes lugares que describen; y cuando leo algo tipo Los Gatos Guerreros, puedo imaginarme el bosque, los olores, los sabores, las batallas, es como si en los libros pudiera visitar otros lugares con mi imaginación.
– ¿Y cuándo lees libros en los que buscas alguna información?
– Lo que hago es buscar algo que necesito y que quiero saber y, a través de los libros encuentro la respuesta; también a veces lo hago en internet, así simplemente mi mente encuentra las respuestas que está buscando.
Con las mismas preguntas abordé luego a mi otro hijo (9 años). Frente a cómo aprendió su respuesta fue simple: “No tengo ni idea, un día no entendía nada y otro sí.”  Frente a qué es la lectura para él, me dice: “La lectura es algo un poco complicado que utilizo sólo cuando la necesito; por ejemplo, si estoy aburrido con un cuento o un libro de historia paso el tiempo, si necesito una historia o información la busco en un libro o Internet, o en mis videojuegos me dan las instrucciones y pues así juego.”
Eso me hizo pensar en las diferencias de los procesos de aprendizaje de la lectura de mis hijos,  la niña primero leyó y luego escribió, mientras aprendía mostró gran interés, pasaba mucho tiempo mirando libros y cuentos, se esforzaba por buscar ella misma sus programas en la guía y hoy es una lectora incansable, a todo lugar que vaya se acompaña por un libro, disfruta enormemente la biblioteca en donde lee todo lo que alcance en el tiempo que la visitemos y casi nunca quiere salir cuando es tiempo (todo el proceso lo describí en el artículo: aprendiendo a leer por su cuenta y lo amplié en más sobre el proceso de lectura).
Sin embargo, el niño primero hizo el proceso de escritura y por añadidura leyó. A él no le vi interés en los libros, más allá de amar los espacios en que yo les leía, sin embargo sí preguntaba mucho cómo se escribe esto o aquello, inició con los nombres de amigos, luego haciendo mini historias o listas (las cuales rara vez me mostró).  Cuando preguntaba, inicialmente yo tomaba un papel y escribía en letra grande y clara lo que él necesitaba y él lo copiaba.  Después de un tiempo comenzó a preguntar los nombres de las letras y cuando noté que ya las sabía le comencé a deletrear las palabras que requería, cuando tenía dificultad con una letra me traía un papel para que se la hiciera.  Este proceso se prolongó por varios meses, incluso pudo llegar a ser de años, tenía días en que preguntaba mucho y luego podían pasar semanas sin interés alguno por escribir.
Una mañana, estábamos pintando un mandala, ese día no habíamos encontrado el libro en el que normalmente trabajábamos y por eso bajé de internet una y la imprimí, cuando terminamos me dijo: “Esta no tiene frase como las del libro, puedo escribir yo una?” Emocionada y curiosa le dije que claro, para mi sorpresa escribió una frase completa y sin preguntar absolutamente nada, era algo así: “El amor es la chispa que da alegría a la vida”.  A partir de ese día, las preguntas prácticamente desaparecieron, y aunque casi nunca lo veo con un libro sí veo que se defiende en lo que necesita, cuando juega sus videojuegos mientras que yo apenas entiendo el contexto del espacio, él ya ha leído los letreros que sacan los muñecos y se va para hacer la misión que solicitan, o si quiere armar algo con instrucciones toma el manual y logra conseguir lo que quiere.
Cuando comencé el proceso de lectura de forma natural el supuesto era que si se hacía de manera natural se lograban grandes lectores.  En mi visión romántica eran niños que leían mucho y disfrutaban del proceso de lectura infinitamente, la realidad me muestra que sí son lectores que utilizan la lectura cuando y como necesitan, pero no es definitivo que amen la literatura, ni la actividad de leer per se.  Lo que si veo que el proceso les deja es una fuerte convicción, libertad y autonomía en su propio proceso de aprendizaje, capacidad analítica y creativa para lograr no sólo aprender, sino alcanzar las metas que se proponen, capacidad crítica y analítica de los procesos de aprendizaje, y lo más importante fortalecer su propia identidad entendiendo qué les gusta y cómo les gusta, sin comer entero de lo que otra persona les diga.  Y para mí como mamá la certeza de que lo que yo imagine para ellos claramente no será lo que ellos definan que quieren, cada uno trae sus dones, procesos internos y capacidades que yo simplemente puedo admirar, disfrutar y acompañar.
Con mucho cariño,
Catalina Heincke H.
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